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El fin de la web 2.0

27 ago 2010

¿Muere la web o interesa matarla? ¿Hablamos de web 2.0 o de web en general? ¿De teléfonos móviles o de Internet?

Agónica ella misma, Wired pregunta, con intención, si no ha muerto la web. En realidad lo que se agota es el ciclo de la web 2.0 y su discurso. Nada mejor que un gráfico de Google Trends para ilustrarlo:

Porque visto ahora con cierta perspectiva, en el periodo 2002-2010, el de la llamada web 2.0, distinguimos 3 fases caracterizadas por la preeminencia mediática de un tipo de software o servicio, una topología de red y una forma cultural característica bajo la que se viven las formas de relación derivadas:

  1. Blogsfera (red distribuida) y cultura de la interacción (experiencia social de la plurarquía en un entorno definido por la lógica de la abundancia)
  2. Wikipedia y servicios web participativos (red descentralizada) y cultura de la participación (la generación artificial de escasez se justifica sobre el discurso dospuntocerista, el rankismo y el participacionismo se convierten en moneda de cambio)
  3. Facebook/Twitter (red centralizada), con la reemergencia de una cultura de la adhesión llevada al paroxismo por los libros de caras.

Como se ve claramente en el gráfico de arriba, el año 2007 fue el gozne de todo este proceso. Es el año del gran hype dospuntocerista, se multiplican los congresos y conferencias en todo el mundo, los medios hablan continuamente de la Wikipedia y aunque hablan de blogs todavía, empiezan a recoger noticias sobre los primeros pasos de twitter y del crecimiento de facebook.

Es ese ciclo el que termina. La web, por cierto, goza de mejor salud que nunca.

¿Entonces de qué están hablando?

En la época de la burbuja puntocom el sueño y el modelo de las grandes empresas mediáticas era aol. Aol era un simple ISP, un proveedor de acceso a Internet que llegó a inflarse tanto que pudo comprar Time Warner. Su fórmula consistía en dar un portal cerrado a sus usuarios. Un tablero virtual en el que cada botoncito representaba una aplicación: acceso a tu propia cuenta de aol, servicios exclusivos, correo aol, contenidos selectos, con el tiempo incluso messenger… y como sólo un botoncito más, la web.

Al principio, cuando llegó la primera gran avalancha de usuarios, la mayoría se distribuía entre los botoncitos más o menos equiprobablemente y aol empezó a pensar que su negocio estaría en cobrar a las empresas y a los desarrolladores por poder poner el suyo ahí. Claro que siempre estaba el otro botón, el que a las finales significaba algo así como todo lo demás, pero al principio tampoco parecía que fuera a comerse al resto…

Se iniciaba la fase de los portales, mundos selectos de contenidos generados por profesionales y controlados por los nuevos gigantes de la web. Tal vez recuerden la versión latoc del monstruo: la compra de Olé y el nacimiento de Terra. Con ella surgieron cientos de “corralitos” mundos cerrados obsesionados con monetarizar visitas.

Pero quedaban tres enemigos que a las finales fueron insalvables:

  • Una alternativa de contenidos: la gran madeja de páginas personales, ezines y foros que se convertiría en la blogsfera
  • Los buscadores (y en especial un prometedor Google) que cada vez más sencillos, menos intrusivos y más limpios te permitían sustituir la selección de otro por la tuya
  • El botoncito de todo lo demás, osea, el navegador propiamente dicho, que era la puerta al mundo abierto desde la roña de los portales.

Matar todo lo demás

¿No les recuerda todo esto a algo? Miren su teléfono Android o lPhone. Sí, es exactamente igual que la pantalla de entrada de Aol. Es todo cuanto Terra, Lycos, Aol o Yahoo! soñaron alguna vez ser.

Por supuesto han aprendido de la época web 2.0. Cualquiera puede hacer una aplicación… pero ha de ser aprobada por ellos… para ser accesible a través de un mercado cerrado. El iPhone ha educado a los nuevos usuarios a usar la aplicación twitter en vez de entrar por el navegador, a usar la aplicación facebook en vez de entrar por el navegador… Hay miles de aplicaciones, todas listas para ser controladas, cerradas en caso de conflictos con la propiedad intelectual o la moral…

La apuesta consiste en conseguir que los usuarios se olviden del navegador, ese peligroso botón de todo lo demás que pone tan difícil obtener rentas extraordinarias y obliga a innovar continuamente. Lo que Wired está preguntando es si queda mucho. Si no se podría matar ya. Llevan muchos años esperando… volver al viejo mundo.

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10 Comentarios a “El fin de la web 2.0”

  1. Luis

    Está claro, fíjate en como retuerce la realidad Anderson en su tristemente famoso artículo:

    During breakfast you browse Facebook, Twitter, and The New York Times — three more apps. On the way to the office, you listen to a podcast on your smartphone. Another app. At work, you scroll through RSS feeds in a reader, another app

    ¿Soy el único que desayuna con el portátil y entra a twitter a través de Twitter.com? ¿No es Facebook pese a ser un entorno cerrado un entorno web? ¿Quién c*** lee el periódico en la aplicación del móvi para dejarse los ojos estando en casa? ¿qué le aporta a una web debidamente optimizada? ¿Cuánta gente utiliza a día de hoy un Tablet? ¿No siguen siendo los lectores de RSS online los más utilizados y no las aplicaciones a las que hace referencia?

    Dice luego algo sí como que preferimos “canciones a iTunes por 99 céntimos, a pesar de saber que las tenemos gratis en la web” ¿En qué mundo vive este tío?

    Parece claro que hay una alianza de empresas creadoras de opinión, editoriales, y proveedores de acceso para que se acabe la sangre punk de la red, el do it your self del HTML se hace imposible cuando lo traspasamos a la lógica de las aplicaciones construidas en JAVA o C y asistimos a la enésima reedición del Todo para el pueblo pero sin el pueblo con las rígidas normas de los markets centralizados.

    Las aplicaciones salvando la ventaja de la notificación en muchos casos no aportan nada a lo que ofrecería una buena versión web (ojo, hablando de contenidos), se aprovechan en mi opinión de que aún no se han puesto las debidas energías en diseñar hojas de estilo alternativas más allá de aligerar un poco las páginas. Lo mismo pasa con los navegadores móviles, lejos aún de las posibilidades de sus hermanos de la web. Un ejemplo, Twitter tiene una buena versión para móviles ¿qué la aportan las aplicaciones nativas? Sólo aquello que no tiene twitter: adjuntar fotos y acortar urls, algo que de lo que el servicio carece pero podría hacerse igual de bien desde el navegador. Simplemente nos hemos olvidado de la magia de Marcadores y hemos sucumbido a la poderosa maquinaria publicitaria de Mr. Jobs.

    Y luego está el dispositivo, otro vértice de la confluencia de intereses, el Ipad, que como bien me decía Arturo hace tiempo, pronto regalarán con los periódicos en su afán de imaginar un mundo del siglo XX con barniz del XXI para seguir convenciendo a sus anunciantes. Al poco de salir el “IPhone gordo” los proyectos para construir ordenadores ligeros para el desarrollo viraron al modelo tablet, ideal para enseñar al tercer mundo a consumir en lugar de a crear. Alucinante pero coherente

    Los de siempre parecen querer decir “Ya os habéis entretenido suficiente jugando en el patio de los mayores, ahora retiraros que vamos a volver a ocupar el patio nosotros”, y tienen a su alcance los telediarios para contárnoslo, para ir soltando globos sonda sobre el fin de la Netralidad de la Red y similares.

    Yo creo que el deber de la reacción está de nuestra parte y tenemos que hacerlo como consumidores frente a los proveedores de acceso y como editores frente a los editores. Sembrando la web de enlaces más que nunca.

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  2. Luis

    El formateado se ha llevado por delante un párrafo de mi comentario por alguna razón y sólo se ve la primera línea :-( , el que empieza “Las aplicaciones salvando…”

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    • David de Ugarte

      Ya está arreglado. Aviso para navegantes y comentaristas: lo que le pasó a Luís se debe a un bug que aparece si se deja un espacio en blanco al principio de párrafo. Intentaremos arreglarlo este finde. Mientras… intentad evitarlos tras dar un salto de párrafo. Perdón de nuevo.

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  3. Gonzalo Martín

    ¿Hemos sucumbido? Yo estimo, y me gustaría trabajarme las cifras, que un factor crucial en lo que está sucediendo es la entrada de nuevos usuarios a un uso de la red que no empleaban. Es decir: en el auge del 2.0 se hablaba de los blogs, pero muy pocos tenían blog. Muy pocos comentaban. Ciertas masas estaban en determinados foros y en chats de messenger. Muchísimas personas de más edad o menores usos solo utilizaban el correo electrónico.

    El efecto red que crean redes como Facebook (tuenti en el caso juvenil español) ha atraído la entrada de todos estos tipos de personas que, de repente, sin tener que ocuparse de nada, pueden “opinar” y hacer cositas nada complicadas. Además de encontrar sus novias/os sin ir a las paginas amarillas. Una gracia allí, un enlace allá, una fotico… casi todo intrascendente. Una cháchara como otra cualquiera: y pasan rato allí (de paso, las “marcas” como locas porque tienen que emplear esa “atención” para colocar – no deliberar – sus mensajes). El argumento es “la audiencia está allí” y, de hecho, lo está, otra cosa es que vínculo quieras construir con ella y qué audiencia sea. Para la publicidad de siempre, que es la que de verdad se hace, pues adelante: que ganen un concurso de creatividad con una bonita aplicación que hace no sé qué con tu marca o juega a un rato a eso de la granja, muy interesante ello: esta gente gana dinero con esto. Público para esto, siempre habrá: ¿se lo han quitado a la tele? La Tele más o menos hace lo mismo, horas de brujitas y belenes estebanes. Ah, y pueden mandar un SMS, que es muy participativo y da dinero (twitter, no).

    Cacharritos como el iphone (tengo uno) hacen cosas muy útiles: llevas en la palma de tu mano y en todas partes el acceso a tu correo, puedes leer cualquier web en buenas condiciones. Muchas aplicaciones son para hacer cosas a las que verdaderamente saco partido: el gps me permite tener una aplicacion que me detecta los radares de la carretera, por no hablar de los mapas, etc. Varios miniphotoshops me permiten manipular las fotos que tomo en el momento y mandarlas por mail. A mi mismo, a alguna red, a mi repositorio, a mi blog. Llevo un lector de libros electrónicos, de poco uso la verdad. Lectores de códigos, etc. Grabo vídeo todo en el mismo aparato. La usabilidad es verdaderamente diferenciada con cualquier otro producto. WordPress tiene una excelente aplicación: aún a pesar del tamaño de pantalla puedo editar comentarios y escribir posts sin cargar con todo y desde el taxi. Tampoco confundamos “puerta de entrada” con “acceso directo”: quien no tiene accesos directos en su pantalla del desktop?

    Es decir: cacharros como el iphone son la avanzadilla de algo más, la movilidad y disponibilidad plena de recursos similares a los de sobremesa de manera portátil. La segunda parte es que es cerrado como un demonio y que aspira a ello: a pesar de que el jailbreak se ha considerado legal en USA (es decir, se puede pasar el filtro de instalación de Apple) los muy cucos ahora se van a la ley de patentes para tratar de impedirlo: ¿alguien quería más ejemplos de cómo las leyes de patentes sirven para impedir la competencia y no para alentar la innovación?

    Pero volviendo al tema: los que sustituyen el acceso a la web por estas aplicaciones, son probablemente personas que no usan o no han usado nunca la web para hacer algo vamos a llamarle enriquecido. Les basta con servicios sencillos, pasar el rato y tratar su acceso en red de la misma forma en que entran a la web de su banco: voy hago la transferencia y ¡bingo! qué bueno que no tengo que ir. Lo de FB y twitter es lo mismo: ¡mis colegas!. Luego está la versión de los “apasionados de los social media” que están todo el día sumando usuarios y generándose valor como consultores: esta repleto de profesionales de la comunicacion, las rrpp, el periodismo, el marketing directo subiéndose a la ola y reclamando la condición de expertos. Hasta que pase la burbuja.

    Obviamente – me gusta mucho la comparación con AOL, porque eso es lo que aspira a ser FB y, efectivamente, el mundo del Apple Store – el aprendizaje de estas organizaciones sobre lo que es una red abierta y la posibilidad de ejercer control hace que vayan a pelear duro con los Murdoch de turno para cerrar el cotarro y crear el internet a dos velocidades como mal menor (les bastaba con una, la de ellos) hace la situación delicada. La pregunta es si – quizá es una afirmación no rebatible – persistiendo un entorno abierto y distribuido a largo plazo sucede lo mismo que sucedió con AOL: ofrecía una usabilidad cómoda al usuario corriente pero se vió desbordada al no poder hacer de tapón ni poder controlarlo todo a medida que todo el mundo construía su web y alojaba en su servidor con navegadores cada vez mejores buscando ser destino. Las empresas que ahora creen o les han dicho que “tienen que estar” en FB para “gestionar” “sus” comunidades pronto verán que no es conveniente depender de estos sitios y buscarán ser sus propios destinos cuando quieran relaciones sin intermediarios. Algunos lo perciben ya.

    En fin, es un combate: la usabilidad y el confort que producen determinadas herramientas frente a lo disponible anteriormente abren flujos nuevos. En ese momento, los creadores de código siguen por su cuenta y creando cosas que emulan las que tienen éxito de público. Muchas personas tenemos que invertir horas hasta dominar las herramientas que nos hacen soberanos de nuestros datos y usos: es un viaje. Tengo un iPhone, pero no hago uso plenamente de la forma que se espera (sí, hablo por teléfono): leo prensa y blogs cuando no puedo estar en mi mesa (la prensa tiene aplicaciones específicas pero son accesibles de las dos formas y cerrar o no no depende del acceso, sino de una decisión, léase la castaña de Orbyt), los reenvío por mail (pop) o mis servicios de colección de enlaces, accedo a mi RSS, mantengo mi blog cuando es urgente, comento en blogs – por ejemplo en este – desde un acceso wordpress para el teléfono. Y ahora viene lo mejor: no llevo música ni se la compro. Uso aplicaciones gratuitas. En definitiva: siendo consciente de las limitaciones y lo que quieres hacer la forma en que lo uses determina mucho. Al final lo que tengo es una máquina con software propietario que aspira a impedirme lo que quiero hacer con ella, lo que llevan haciendo MS y Apple desde hace décadas y de modo similar a lo que tenía en la mesa. Quisiera librarme de esto pero no siempre puedo, o tiene costes que me complican demasiado poder alcanzar determinados objetivos: difícilmente puedo librarme de mi banco o de mi compañía eléctrica. Si puedo limitar mi dependencia, puedo mientras construir mis espacios e ir trasladando a mi control lo que me es más estratégico. Si uso twitter como altavoz, pero renuncio a crear conversación sobre ellos allí o en FB trabajo por preservar mi espacio en un entorno en el que profesionalmente debo emplear esas redes. Si el bar pasa de moda, no me resentiré, al menos no tanto como los que quieren hacer su vida en ellos.

    En resumen; además de los intentos, que tienen una dimensión política completamente ausente del debate social, de “formatear” la red, además del hecho de que quienes lo hacen tengan poder para imponer sus montañas de efectivo e infliuencia legislativa, la forma en que el usuario se enfrenta es decisiva: si no tengo más remedio que usar a mi banco y, si me cambio, me encuentro que es básicamente igual, la forma que elijo para relacionarme con él es decisiva para limitar los daños. Trabajar con más de un banco, presionarle con todas mis opciones legales como consumidor, exigir constantemente su nivel de servicio.

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  4. ismael peña-lópez

    “Miren su teléfono Android o iPhone”

    Mmmmm, se me hace una comparación difícil de hacer, casi imposible. El control obsesivo que Apple ejerce con su dispositivo (y ese “su” va con segundas) no es posible en un teléfono con Android.

    Puede que sí, que la pantalla inicial de Android se parezca a la del iPhone, pero el proceso que hay detrás (o que puede haber, o que puede no haber) es totalmente distinto.

    i.

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  5. Miguel

    Una visión complementaria del tema y el artículo de Wired la hace dreig:
    http://www.dreig.eu/caparazon/2010/08/18/web-ha-muerto/

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