Correo de las Indias

La semilla de la que brotan los sueños

27 ago 2011

El «crowdfunding» salta de la producción cultural a la creación de pequeñas empresas en EEUU y a la financiación de microemprendedores en la perifería. Un nuevo tipo de demanda, agregada por primera vez gracias a Internet, revela el deseo social de un nuevo tipo de capital semilla cuya rentabilidad no se mide por el tipo de interés, sino por sus resultados en diversidad y empleo.

Películas como «El Cosmonauta» o novelas como «La amenaza de los dioses» han dado a conocer un sistema de capitalización cada vez más frecuente: el «crowdfunding». El sistema es sencillo: muchas donaciones pequeñas hacen posibles proyectos de bajo presupuesto sustentados por la pasión propia de la ética hacker. Esta forma de pequeño swarming financiero, se ha establecido ya como un estándar para salvar las dificultades de capital y distribución de la producción de libros, filmes y discos. Lo impulsaron autores extraños a las redes sociales que dan el tono de la industria cultural. Por eso el «crowdfunding» tiene encanto. El encanto del voluntarismo y la rebeldía. El de la generosidad: es común que muchas de las obras que se capitalizan así se creen desde el primer momento para el dominio público o bajo alguna formar de propiedad intelectual «blanda». Y se da por hecho que los donantes-socios, recibirán regalos, camisetas, ediciones especiales y contenidos exclusivos. En algunos casos se les invitará a los rodajes o grabaciones. En otros se les tendrá en cuenta en el curso mismo de la trama. Hay ya una cultura del «crowdfunding»: ofrece identidad y experiencias. Transmite la sensación de poder transformar las cosas y poner en jaque a los oligopolios culturales.

Kickstarter es una plataforma norteamericana de crowdsourcing. Está llena de músicos que invitan a sus fans a financiar la producción de un CD, cineastas que se ven capaces de sacar adelante una película con 120.000$ y todo tipo de iniciativas sociales y culturales.

Pero hay más. En Europa o América Latina muchos se sorprenderían de ver como una tienda de comida de Harlem se abre tras recaudar poco menos de 25.000$… cuando solicitaba 23.000. Y es que 25.000 dólares es ya todo un capital semilla. Y no se pide para producir un objeto del que disfrutarán los donantes. Se pide para cubrir los costes fijos en el comienzo de un negocio. Pero lo mejor es que a los contribuyentes no se les remunera con acciones, sino con libros de cocina dedicados, entradas para las fiestas de recogida de fondos y tarjetas de fidelización del propio restaurante.

¿Desde cuándo el capital se remunera con merchandising? La clave está en el fuerte sentido identitario de la propuesta (comida ecológica, forma cooperativa), su marcada dimensión social (los trabajadores son chicos jóvenes «en peligro de exclusión» y el negocio se localizará en Harlem) y sobre todo en la esencia misma del «crowdfunding»: al aportar pequeñas cantidades el donante siente que la rentabilidad de su aporte no es monetaria.

Porque si algo queda claro en EEUU a estas alturas de crisis es que para que algo exista tiene ser sostenible, y tener, por tanto, forma de negocio. Si quieres poder comer en Michigan cocina española, apoyarás un restaurante caravana que haga tapas y paellas, si quieres que se difundan los valores cooperativos apoyarás a una empresa de materiales pedagógicos que quiere desarrollar un «Monopoly» alternativo.

Es algo muy parecido a la experiencia de Kiva, un proyecto al que ya hemos dedicado varios posts en esta bitácora. Según sus estadísticas, con una donación media de 212$, se han prestado a través de esta plataforma más de 237 millones de dólares a microempresarios de países en desarrollo. El donante medio ha reinvertido los créditos, una vez devueltos, una media de 7.32 veces (y subiendo). Es decir, el prestamista de Kiva no pretende ganar dinero con su inversión. La rentabilidad para él no es monetaria, se sabe un mediador entre emprendedores sin recursos: cobra de uno para prestar al siguiente en una cadena que no pretende romper en ningún momento.

Conclusiones

Lo que todas estas experiencias nos cuentan es que muchos están dispuestos a aportar cash para generar capital semilla por agregación. Sobre todo si pueden elegir y tener una relación directa, personal con el producto final. Quieren contribuir a crear capital que permita arrancar a negocios cuya función entiendan. Tanto que están, estamos, dispuestos a hacerlo sin recibir un tipo de interés, incluso sin esperar ver devuelto el principal. A cambio tan sólo de que el mercado, el gran procomún social, esté abierto a más personas y sea más diverso.

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26 Comentarios a “La semilla de la que brotan los sueños”

  1. David de Ugarte

    Imaginemos un sitio similar a kickstarter pero focalizado en capital semilla.

    * La gente dona una cantidad a un proyecto cooperativo o de MIPE y se asegura así de que le llega como capital semilla.
    * La organización invertirá esa cantidad en el proyecto e irá informando al donante de su curso y resultados a lo largo del tiempo, organizando encuentros entre inversionistas y emprendedores, etc.
    * Si finalmente despega y la organización recibe réditos, esos réditos se unirán al fondo, adjudicándose automáticamente a los proyectos de más de X$ de inversión que hayan alcanzado un Y% de la financiación por donantes. De ese modo los beneficios de cada generación ayudan a la generación de escala de la siguiente generación.

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  2. Gonzalo Martín

    Como te comentaba en el correo: Lanzanos es uno de los primeros proyectos en español. Verkamiestá centrado en proyectos culturales. Que yo sepa, va bastante bien. Hay mucho público que está descubriendo que no puede esperar al estado ni al capital riesgo ni a las subvenciones. Aunque ellos no lo formularían así.
    A mi me parece que un diseño que, por ejemplo, apoyara Fundación Garum con la red que está construyendo puede ser brutal. Pero tiene que buscar un aspecto diferenciador y, desde luego, creo que hay que buscarle un fuerte sentido de identidad/causa para que despegue y se consolide. Es más, la oportunidad es que sea Latoc, porque los proyectos de este tipo son anglo-globales o locales: no tienen ni la red ni los recursos ni puede que las ganas o las entendederas de llevarlo más amplio. Para algunos proyectos, la diferencia de rentas entre Europa y LATAM puede ser una oportunidad muy grande, porque con 10.000 a lo mejor mueves una montaña en Bolivia y aquí es gasolina para un mes.

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    • David de Ugarte

      Hay un elemento más en la construcción del éxito: la red inter-corporativa. Ahora quiero escribir sobre eso en ElArte.coop, pero la idea es simple, a las finales las empresas TEC y MCC funcionan porque la base de sustentación está asegurada por el mercado que ellas mismas forman… Un sistema como este funcionará si somos capaces de generar la identidad y confianza suficiente entre los beneficiarios como para que prioricen la oferta interna a la hora de decidir a quién contratan sus insumos.

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      • Gonzalo Martín

        Bueno, efectivamente. A eso me refiero con buscar diferenciación y un elemento de identidad que, en efecto, ya habías mencionado. Al final, la competencia por la microdonación será como en cualquier otro mercado, luego hay que dotar de significado a tu estructura si quiere ser permanente. Es lo que comentábamos sobre El Cosmonauta: salió de su círculo por la novedad. Pero el público no va a una web a decir “a ver a quien dono hoy”, hace falta un vínculo mayor, una verticalidad. Y la gente querra un contexto para saber que puede sentirse a gusto donando de modo sistemático. Una parte de ese contexto es hacer crecer su propio espacio (o su propio contexto, abusando de la palabra). Es decir: contribuyo a que exista la oferta que cubre mi demanda. Visto desde el lado cultural: dono para que haya contenidos minoritarios que la publicidad nunca va a pagar. También puede ser dono para que haya fábricas de cerveza “naturales” y tengo cerveza del día aunque sea perecedera.

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  3. El Maik

    Muy interesante kickstarter no lo conocía, y muy buena la idea.
    Sí, por cierto que llama la atención el ejemplo de la tienda de comida en Harlem. Da para pensar.

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    • Gonzalo Martín

      Kickstarter, además, es bastante bueno promoviendo la comunidad. Han llegado a alquilar una azotea en Brooklyn para proyectar trailers de proyectos culturales que buscan donación. Y esas sesiones tienen puestos de proyectos de alimentación u otros ramos que pueden vender durante las proyecciones y también buscan financiación. Así se mezclan públicos diversos y se abre el círculo de los amigos y convencidos. Esa vía on/off puede ser muy interesante para el esquema cooperativo indiano.

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  4. marimanta

    Sí… Ja! no se que nos pasa algunos que nos azota la realidad… (David por su sms novela… y yo por @sucediounanoche) no hace más que perseguirnos la razón Xd (pero no es preocupante nadie nos hace caso, al menos a mí)

    Muchas veces siento que la red no ha sido tan positiva… algunas veces se ofrece lo nuevo como la panacea pero yo no veo evolución alguna… la red tambien tiene mucho de negativo, como cierta cultura fanática sobre el p2p para aplicar a los demás (los de fuera de la red) que luego no se ha aplicado al entorno bloguero y ha ido hacía las redes sociales… Yo lo he visto más como un montón de personas en lucha por destacar, cosa comunitaria poco, y pienso como Gonzalo que si no hay esencia, identidad no vale…

    También pienso con frecuencia que la red no me ha hecho más que perder el tiempo… que las cosas no son ni negras ni blancas y que hay que ver como llevar la red hacia las personas y en que sentido se absorbe, que sin una esencia previa como dice Gonzalo mejor que no se acerquen… No sé, a David tardé bastante en conocerle en red…

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    • marimanta

      porque no hacéis una trivial o monopoli sobre el movimiento cooperativo… no a gran escala… quiero decir para repartir entre los que se interesen… una forma de aprender como el juego de rich dad (reunión, ágape y juego… una manera de conocer a otras cooperativas y sus actividades… a la gente se le atrae jugando a las casitas o a los quesos… porque si no es aburrido el contacto mejor) Tienes tanta información en la web que como trivial quedaría muy bien… uno virtual estaría realmente bien…

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    • Gonzalo Martín

      :) pero yo he aprendido con los indianos que ciertas intuiciones tenían sentido: cuando vi plasmada una formulación «radical» de cómo relacionarse con el entorno, digamos que le encontré el sentido que buscaba. O que me reforzó la autoestima. Vaya usted a saber.

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      • David de Ugarte

        :-) ¡¡Qué bien!! Creo que poco a poco va cuajando el concepto que buscábamos: una red transnacional de comunidades sostenidas sobre un tejido común de [[democracia económica]]. Y es que democracia económica son cooperativas, pero también [[emprendedores artesanos]]. Nos falta todavía la pieza que suministre el «combustible» para el emprendimiento dentro de una red así. Y creo que nos vamos acercando…

        PS. Encuentro otra plataforma de crowdsourcing, idea.me, orientada a la América de lengua española… pero restringida a proyectos artísticos. ¿Por qué a nadie se le ha ocurrido utilizar este sistema para empoderar microemprendedores?

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        • Jorge de la Mora

          David, aquí una que se lanzó en México recientemente. http://fondeadora.mx/

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        • Gonzalo Martín

          Le tienes que sumar la estructura de Telefónica con Wayra. Es capital semilla tutelado: Tel pone el dinero y va generando una criba según los proyectos alcanzan hitos. Lo más interesante es la reflexión que lleva detrás sobre el futuro de la compañia: han visto que no tienen un gran poder de acceso al tejido de innovación alrededor de Sillicon Valley y que en sus mercados básicos no existe esa combinación de innovadores e inversores. Así que tratan de crearlo ellos.

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      • marimanta

        Sí sí es eso… que tu puedes llegar a la web con ideas diferentes, críticas… pero luego te encuentras una masa que va en otro camino y acabas abducido… No hay remedio.

        Y es lo que decía en el blog de David, que hay gente con un sentimiento de fondo compartido con el cooperativismo, pero que no sabe expresar formalmente, o no sabe empoderarlo y ese sentimiento se dispera (la gente puede compartir una idea pero no todo el mundo tiene la capacidad de darla forma por sí sola)… de ahí la necesidad que gente como David tengan relevancia pública para sumar…

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  5. Luis

    Aunque la línea aún es ascendente el problema que le veo al crowfunding es la saturación, seguramente, como en la web 2.0, habrá una serie de superusuarios, si hablando de contenidos hay una aristocracia participativa, no digamos ya de “productores” o “capitalistas”. Aunque no ha llegado aún, creo que no tardará en haber una demanda excesiva. Ahoooora, pasando del crowfunding en general, a la aplicación de la lógica al tejido cooperativo, sospecho que la cosa -siempre y cuando exista tal tejido- puede ser una herramienta muy potente ¿más Kiva que Verkami? Pero vamos de estas cosas los que sabéis sois vosotros :D

    PS: alguna cosa hay por ahí http://www.seedquick.com/

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    • David de Ugarte

      Pues fíjate que no lo conocía, pero al visitarlo lo que echo de menos de la lógica Kiva es la confianza que aporta a Kiva el trabajo de los que avalan y presentan a los emprendedores. Osea un sistema así requiere como comentaba en el post de elArte.coop ir ligado a la incubación virtual o presencial… tanto más en el entorno cooperativo y de las micro y pequeñas empresas… si no, no le acabo de ver sentido, la verdad.

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    • Gonzalo Martín

      Esto de la saturación que dices es muy importante: ahora “microdonar” es cool, pero dentro de poco será un recurso más por pura necesidad: ni puedes esperar al estado, ni puedes esperar a la publicidad o al capital riesgo. Simplemente, es demasiado complejo y demasiado escaso. Por tanto, tendrán éxito en mi opinión las plataformas que se identifiquen con comunidades e identidades fuertes, capaces de “castigar” a los malos gestores con el repudio de la comunidad y viceversa. Entiéndase repudio a quien traicionó la confianza o no es capaz de sacar adelante un proyecto. Por viceversa, a la buena reputación de quien ha cumplido sus “promesas” (y no me refiero a que su plan de negocio se cumpla a la perfección). Así, por ejemplo, proyectos como propone David, ligados a una estrategia de un grupo coordinado como un fin (algunas cosas que estamos intentando) pueden sobreponerse a la sobreabundancia. Yo, por ejemplo, no tengo interés en donar a un fabricante de miniaturas de muñecas (no porque no me parezca chulo o apasionante o merecedor de apoyo el nivel artesanal de quienes lo hagan) sino porque estaré dispuesto a poner en rondas sucesivas – como he hecho con El Cosmonauta – cosas que realmente siento que necesito que existan. V.G., una fabrica de cerveza artesanal capaz de trabajar a medida.

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      • Gonzalo Martín

        Añadiría: cuando son “huecos” de tu entorno los que quieres cubrir, el prejuicio a que otro gane dinero (tan común en celtiberia) se reduce mucho. Y, además, eso que en las grandes corporaciones se llama pomposamente “responsabilidad social corporativa” y que da, más bien, la risa, se genera automáticamente: el beneficiario sabe que su éxito está vinculado a su entorno de interesados.

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        • David de Ugarte

          Resumiendo e incorporando los aportes:

          1. Tiene sentido crear un [[software libre]] para este tipo de plataformas en la medida en que están abocadas a integrarse bien la RSC de las grandes empresas, bien en la estrategia de capital semilla de grupos cooperativos y entornos de desarrollo local.

          2. Tanto en un caso como en otro, la herramienta no tiene sentido si no va acompañada de una metodología de posicionamiento, promoción y «apadrinamiento» ligada o inmersa en la incubación misma.

          3. Por lo mismo, cabría preguntarse si cabría añadir a las funcionalidades de esta plataforma la posibilidad de recoger «compromisos» u «ofertas» de participación accionarial como un porcentaje de las donaciones. Por ej: si llegas a la fecha límite con un 80% de lo que pides en donaciones, te aumentamos las donaciones automáticamente con un fondo propio en calidad de participación… los excedentes/dividendos de ese fondo se reintegrarían al propio fondo para aumentar la escala de los siguientes proyectos.

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          • Gonzalo Martín

            El último punto, el de las participaciones en sociedades, es generalmente el conflictivo. Porque se tropieza con las legislaciones sobre ofertas públicas de venta de acciones, registros en CNMV’s y tal y tal. Aunque sea pequeño. Una parte importante de las plataformas de crowdfunding son los aspectos legales y fiscales: en calidad de qué se pone el dinero y cómo se identifica a quien lo pone (con una VISA es fácil, obtienes datos reales).

            Es decir: si tienes resuelto el software para hacerlo, el proceso metodológico y las cuestiones legales (¿dónde se funda la coop, la sociedad, etc.; a qué legislación se somete?) tienes todo el proceso. Y la parte jurídica no es moco de pavo.

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    • marimanta

      Sí, sí, totalmente cierto, yo descubrí los blogs muy tarde… por el 2004/2005 y vi eso ya de que los foros eran democráticos y los blogs aristotélicos… (en los foros estaba desde el 2000)

      Creo que se puede diferenciar dos etapas en los blogs, y es que en los últimos años previos a las redes sociales, ya se cuajaba esa idea de empoderarse, de rankings en los blogs… despuntaban hacia las redes sociales… o sea que fue antes el huevo, fueron los blogs los que crearon las redes sociales, y no las redes sociales las que comieron a los blogs…

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  6. Manuel Ortega

    El punto dos hace a las personas y sus relaciones, metodología, sobre las herramientas.

    El lugar cual sino: el mercado…me tienta pensar en algo sobre Bazar. Termino comprando y vendiendo cosas a esas empresarias que apoyé en todo el proceso de incubación..esa cadena de valor del emprendimiento.

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  7. May

    Gracias por comentar sobre el crowdfunding y su increíble poder en el mundo de hoy.
    Ideame (http://idea.me/) lanzó hace unas semanas en América Latina para proyectos creativos.
    Gracias!

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