Las empresas se arman… de diplomacia
29 sep 2009
Temas clave de futuro como el desarrollo social, la representación de los intereses comerciales o la seguridad en aguas internacionales, están recayendo de forma creciente en las grandes empresas transnacionales. Las empresas empiezan a protagonizar la política exterior, pero exterior ¿a quíen?
La multiplicación de agentes en el campo de la defensa no es el único signo de un cambio histórico y radical en las relaciones internacionales. Las empresas empiezan a representar proyectos sociales transnacionales y ejercer una diplomacia corporativa propia cada vez más activa.
Hace unas semanas los movimientos de Telefónica en China sorprendieron a propios y extraños: por primera vez una telefónica china tomaba participaciones de una empresa foránea y a esta se le permitía aumentar la participación sin ejercer el control directo. La clave: una verdadera y brillante labor de diplomacia corporativa que no dudó en asesorarse localmente ni hacer gestos de diplomacia pública empresarial.
En América, mientras la cancillería española empieza a valorar la diplomacia pública, considerada cada vez más la clave de su soft power, Telefonica les saca ya varios cuerpos de ventaja: El programa pro-niño, que ha escolarizado ya a más de 107.000 gamines y niños trabajadores en toda la América latoc, pretende llegar al millón en menos de dos años.
Este proyecto es una clara muestra de lo que es una estrategia de diplomacia pública corporativa: toma las dos grandes marcas positivas de posición continentales de la empresa (conocimiento y condiciones laborales) y las convierte en eje de una campaña permanente de activismo social que ocupa un espacio dejado en sombra por los estados nacionales.
El gran marco
Asistimos a un cambio tan radical como historicamente trascendente: el estado pierde, mes a mes, noticia a noticia, el monopolio de lo internacional, no digamos de lo transnacional. Es más, de hecho ni siquiera aparece como un competidor frente a los nuevos agentes, sino en los casos más dramáticos, como un acelerador del proceso.
En este marco, la diplomacia corporativa, tanto la comercial como la pública, es a la vez consecuencia y factor del proceso global.
En un mapa donde los estados periféricos sufren grandes dificultades para mantener una mínima cohesión e incluso seguridad interna, las empresas transnacionales están abocadas a desarrollar todo un aparato que antes era símbolo y orgullo del monopolio estatal.
- De entrada las cancillerías de sus países de origen no se sienten alineadas y posiblemente no estén preparadas para el grado de implicación y finura en diplomacia comercial que requiere el posicionamiento necesario para encontrar socios en países como China.
- En un segundo ámbito, la famosa RSC (Responsabilidad Social Corporativa) deja de ser una forma de marketing filantrópico para convertirse en inversión fundameltal en desarrollo del mercado.
- Y finalmente, la seguridad en los transportes internacionales empieza a ser un problema global y las EMP (Empresas Militares Privadas) una necesidad incluso para los estados. Si con la crisis de los atuneros se ha abierto el debate en España ¿qué pasará cuando los petroleros de Repsol empiecen a pasar frente a las costas somalíes con las bodegas llenas de petróleo iraquí?
En conjunto lo que tenemos es que temas clave de futuro como el desarrollo social, la representación de los intereses comerciales o la seguridad en aguas internacionales, están recayendo de forma creciente en las grandes empresas transnacionales. Y éstas requieren de forma creciente un proyecto aglutinador, un porqué, una función social que se proyecte en identidad y discurso.
Es el momento de que aparezcan nuevos actores en esta comedia. Las filés como la vuestra, que les saca varios cuerpos de distancia a las empresas, y no digamos ya a los estados, en lo que tiene que ver con organización social en el nuevo mundo que se nos viene podrían jugar un buen papel como asesores.
Con el tiempo, y ganando peso específico pasar a hackear el orden establecido como decias el otro día en El Arte de las Cosas.
Una hoja de ruta apasionante, ¿no?
Como deciais los ciberpunkos: El futuro influye más en el presente que el pasado.